Un superhéroe y un supervillano caen en la Tierra al mismo tiempo y sientan las bases de un legendario enfrentamiento. Hasta que un día, triunfa el mal y todo se complica.

La gente de Dreamworks ya ha encontrado su tono para las películas de animación que salen de su laboratorio. A decir verdad, siempre lo tuvieron, y en muchos casos le rindió réditos excepcionales: desde la primera “Hormiguitaz” hasta “Bee Movie”, pasando por toda la saga de “Shrek”, se puede decir que esta gente sabe hacer buenas películas.


Si en el mundo no existiera una compañía como Pixar, que todo lo que toca lo convierte en oro, se podría decir tranquilamente que Dreamworks es el estudio de películas de animación más aceitado de la actualidad. Pero Pixar existe. Y sus productos son superiores a los de sus competidores.


Pero aquí hablamos de una película de Dreamworks, así que no vale la pena detenerse en las obras maestras de Pixar y sí incursionar en los valores cinematográficos de “Megamente”, la más reciente creación, del equipo de “Shrek”.


Fiel al estilo del estudio, “Megamente” tiene todo lo que suelen ofrecer los filmes de Dreamworks: vértigo, mucha acción, buen humor entendido como chiste con remate y una historia más o menos sólida.


En este caso, el argumento comienza con la destrucción de una parte del Universo a manos de un agujero negro. Desde ese sector del espacio parten dos cápsulas con dos bebés. En una viaja el pequeño Megamente. En la otra, el recién nacido Metroman.


Ambas naves espaciales aterrizan en la Tierra. La de Metroman va a parar a una lujosa mansión, donde el niño recibirá todo lo que quiera y se convertirá en el superhéroe de la ciudad. La cápsula de Megamente va a caer directamente al patio de la prisión municipal. Y allí aprenderá el valor de ser un villano.


La rivalidad entre Megamente y Metroman nacerá inmediatamente y sus enfrentamientos serán legendarios. Por supuesto, el pobre Megamente terminará siempre en prisión, mientras que Metroman será erigido en el gran protector del pueblo, cargo que aceptará con iguales dosis de demagogia y adulación.


Hasta que un día se dará un terrible enfrentamiento final y, por primera vez, el mal vencerá al bien. Megamente habrá logrado el sueño de toda su vida: derrotar a su archienemigo. Y, a todo esto, no han transcurrido ni diez minutos de película.


¿Qué hacer una vez que se ha triunfado?, empieza a ser el tema de “Megamente”, en el que empieza a jugar algún papel el factor romántico, de la mano de una periodista que siempre queda en medio de los embrollos de la ciudad y que, por cierto, es mucho más lúcida que el superhéroe y que el supervillano.


Durante la hora y media de filme que resta veremos crecer ese argumento, puntuado quirúrgicamente por una infinidad de referencias a otras películas y una cantidad innumerable de gags, algunos de ellos realmente graciosos.


A “Megamente” le juega un poco en contra el hecho de que muy recientemente otra película de animación también abordara el tema del villano como protagonista. Se trataba de la muy disfrutable “Mi villano favorito”, que en cierto aspecto argumental es superior a “Megamente”, aunque no tiene su ritmo ni su hilaridad.


Si a “Mi villano favorito” le sumamos dosis parejas de “Superman”, “Indiana Jones”, “El padrino”, “La guerra de las galaxias” y muchas más, tendremos finalmente una ecuación que resulta en “Megamente”.


Los que tengan la fortuna de verla en inglés se encontrarán con las voces de Will Ferrell, Brad Pitt, Tina Fey y un pequeño bolo de Ben Stiller. Aquellos que vayan con niños y deban verla en su versión doblada, se perderán algunos matices, pero igualmente podrán sacarle provecho a un filme por el que vale la pena pagar la entrada.

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