Los granaderos de San Martín estuvieron presentes en el acto que se realizó esta tarde en la Escuela Número 8 Yapeyú, la que se encuentra en el kilómetro 2 del Camino a Carlos Keen, un establecimiento educativo del tipo rural, que presentó oficialmente su escudo, el que fue resultado de una elección interna de la escuela, que resume el objetivo y la historia de su denominación “Escuela Yapeyú”.

El acto escolar comenzó con la entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino, y luego un minuto de silencio, en recordación de la figura del libertador de América, el General José de San Martín, y los representantes del escuadrón de Granaderos respondieron todo tipo de preguntas de parte de alumnos, padres y docentes, detallando además las diferentes partes del uniforme que los caracteriza, y además contando sus historias personales, como militares y en particular como custodios de los restos del General San Martín en la Catedral de Buenos Aires.

Se trató de una jornada muy entretenida, los chicos estaban muy contentos, interactuaron todo el tiempo con los Granaderos, quienes en todo momento estuvieron muy dispuestos a sacarse fotografías con padres, alumnos y docentes, además de explicar todo lo que hacen ellos como militares en cuanto a estudios y capacitación para poder formar parte de esta especialidad de Granaderos, quienes prestan servicios en Casa Rosada de presidencia de la Nación, en la Quinta de Olivos, residencia del presidente de la Nación y su familia, y en la Catedral de Buenos Aires.

 

Un nene que quiere ser Granadero

Como cierre del acto se entonaron nuevamente, y a viva voz, las estrofas del Himno Nacional, pero esta vez acompañados por la trompeta del Trompa de Mando, lo que emocionó a todos los presentes. Y sobre el final de la jornada escolar Santiago, de tercer grado, se acercó a uno de los uniformados y con absoluta seriedad le preguntó: “¿Cómo hay que hacer para ser un Granadero?”, y ante semejante pregunta el joven militar respondió: “Vas a nuestro Regimiento de Granaderos a Caballo, y ahí pedís una solicitud, y te anotás. Pero tenés que cumplir con muchos requisitos. Hay que estudiar mucho, hay que comportarse muy bien, y hay que tener mucho respeto por los demás, porque hay que dar ejemplos de vida”, y tras estas explicaciones, Santiago que escuchó atentamente a todo lo que se le indicaba, extendió su mano y estrechó firmemente la del Granadero de San Martín.

El glorioso regimiento

Actualmente, los granaderos son escolta del Presidente de la Nación y responsables de la seguridad en Casa de Gobierno y en la Residencia Presidencial de Olivos, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El uniforme de granaderos de San Martín es uno de los símbolos más reconocidos de la nacionalidad argentina.

El regimiento tiene un rol central en el ceremonial de Estado, escoltando al Presidente del país en actos oficiales y a dignatarios extranjeros que realizan visitas oficiales a nuestro territorio.

 

El honor

Los granaderos actuales saben a la vez llevar con honor el uniforme que evoca glorias pasadas como también están altamente adiestrados para cumplir misiones militares en la actualidad, como quedó demostrado en la guerra del Atlántico Sur, manteniendo la misma línea de profesionalismo y devoción al deber que les inculcara el general San Martín.

 

¿Por qué son 7 los Granaderos que custodian el mausoleo de San Martín?

La llegada a la ciudad de Buenos Aires de los restos del general José de San Martín, que había fallecido el 17 de agosto de 1850, fue el 24 de mayo de 1880. Venían en el Villarino, un buque de transporte a vapor que hacía su viaje inaugural, y que había zarpado de El Harve semanas atrás.

Luego de treinta años de su fallecimiento, se cumplía la cláusula que el Libertador había dispuesto en su testamento, de que “desearía que mi corazón fuese depositado en Buenos Aires”.

Este hecho daría lugar a una leyenda que aún hoy honra la memoria y la trayectoria de los Granaderos.

En 1825, los granaderos que habían sobrevivido a la intensa campaña libertadora -que había comenzado con la epopeya del cruce de la cordillera de Los Andes, la liberación de Chile y la continuación de la guerra contra el español en el Perú y en los países vecinos- llegaron al país trasandino. Tenían la esperanza, que pronto verían trunca, de cobrar los sueldos atrasados.

No disponían del dinero suficiente para solventar su regreso a la ciudad de Buenos Aires. Milagrosamente, un vecino puso de sus bolsillos los fondos necesarios.

A principios de 1826 llegaron a Mendoza desde donde, una caravana de 23 carretas y 78 granaderos emprendieron el viaje a Buenos Aires. De esos 78, siete habían estado en el regimiento desde el combate de San Lorenzo: el coronel Félix Bogado, Paulino Rojas, Francisco Olmos, Segundo Patricio Gómez, Dámaso Rosales, Francisco Varga y el trompeta Miguel Chepoya.

En sus memorias, Juan Manuel Berutti consignó que el lunes 19 de febrero de ese año 26 “han llegado a esta capital don Félix de Bogado, con 100 soldados del regimiento a su mando de granaderos a caballo, única gente que le ha quedado de mil hombres que se componía cuando salieron para la conquista de Chile y Lima, pues todos han quedado muertos, prisioneros o heridos en los referidos reinos que libertamos del dominio español…”

Los efectivos, ante la incredulidad y la indiferencia de la mayoría de los porteños, que estaban más atentos al flamante presidente Bernardino Rivadavia, quien había asumido un par de semanas atrás, formaron en la Plaza de Mayo y seguidamente se dirigieron hacia la actual Plaza San Martín, donde se encontraban los cuarteles de la histórica unidad. Un par de meses después, Rivadavia dispuso que se integrasen a la custodia presidencial. Participaron de la guerra del Brasil -donde perdería la vida en Ituzaingó el trompeta Chepoya- y finalizado el conflicto, la unidad fue disuelta.

El viernes 28 de mayo de 1880, los restos de San Martín volvían a tocar suelo argentino. Estudiantes universitarios, miembros de la Sociedad Rural, del Club Industrial, de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires, periodistas de distintos medios, organizaciones intermedias se dieron cita junto a cientos de personalidades, como los ex presidentes Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre y el entonces presidente Nicolás Avellaneda, quien tres años atrás había dado el empujón necesario para que el esperado regreso se hiciese realidad. El primer mandatario lo había anunciado el 5 de abril de 1877, aniversario de la batalla de Maipú.

De pronto, aparecieron siete jinetes. Eran siete viejos granaderos vestidos con uniformes gastados en cientos de combates, remendados, descoloridos. Aparentemente, nadie los había convocado. Ellos, respetuosamente, se incorporaron a la escolta de los restos hasta la Catedral Metropolitana. Una vez ahí, montaron guardia ante el mausoleo de su ilustre jefe. Permanecieron hasta la mañana siguiente cuando, sin aspavientos, desaparecieron con la misma actitud con la que habían aparecido. A San Martín no le hubiese extrañado el gesto. Él decía: “Lo que mis granaderos son capaces, sólo lo sé yo. Quien los iguale habrá, quien los exceda, no…”

Ese el origen del por qué son siete los granaderos que montan guardia. Fue Julio A. Roca en su segunda presidencia que recreó el regimiento y desde José Figueroa Alcorta que es escolta presidencial.

Qué triste destino el de San Martín. Cuando quiso volver a nuestro país, en diciembre de 1828, lo sorprendió la revolución de Lavalle y el incomprensible fusilamiento de Manuel Dorrego, un descalabro institucional que lo motivó a no bajar del barco y retornar a Europa para no volver.

Cuatro días después de la repatriación de sus restos, el presidente Avellaneda mudaría el gobierno nacional al barrio de Belgrano, en pleno fragor de las luchas por la federalización de Buenos Aires. Pero esa es otra historia.

 

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