Por José Luis Zunni


Lo que tenemos que tener claro y no olvidar nunca, es que el buen liderazgo se basa siempre en la verdad. El presidente Lincoln era un maestro de la dialéctica y tenía una virtud aún mayor: su extraordinaria capacidad de síntesis. Cuando afirma que “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo…se puede engañar a algunos todo el tiempo…pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”, con este pensamiento sentó las bases de la política contemporánea, por lo menos en cuanto a declaración de principios.

Porque en los hechos, sabemos que las acciones de los hombres (algunas y a veces muchas), especialmente en la política, desmienten tajantemente al gran presidente norteamericano. Porque deberíamos -con todo respeto- corregir al presidente Lincoln, en el sentido que hoy día y en todas partes, todo el mundo político está más proclive a enunciar medias verdades y desmentir falsedades, con tal de que los que ostentan el poder puedan seguir manteniéndose en su atalaya. Pareciera que el poder justifica la mentira y todo tipo de eufemismos, los que sostienen las verdades a medias.

Y la mentira sirve para clasificar a dos grupos de líderes: el bueno y el mediocre. El primero sabe que el cambio está por llegar y se prepara para ello. El mediocre, por el contrario, es sobrellevado por el cambio; y cuando aflora la mediocridad siempre termina mal la historia.

Si se trata de una organización, tanto él como su gente y la empresa que conforman terminarán expulsadas del mercado. En la política, el líder mediocre hará que los ciudadanos padezcan en sus propias carnes los desaciertos de su gestión. Puede ser honrado, pero si es mediocre….NO HAY SALIDA.


¿Cuál es la auténtica medida del liderazgo?

La distancia entre los grandes líderes y aquellos que se les considera mediocres, no se mide por la cantidad de aplausos y vítores de sus seguidores, sino por cuál es la medida de su carácter.

Un líder de carácter significa que sabe cómo afrontar la realidad con naturalidad y valentía por más cruda que se presente. En el ámbito político, sin cálculos electorales de por medio.

Por el contrario, el líder político mediocre tratará de disfrazar o maquillar la verdad para que los ciudadanos puedan ver solamente una cara de la luna. Harán todo lo posible para que no salga a la luz toda la verdad. Por ello, nunca mejor dicho lo de “verdades a medias”, o lo que es lo mismo: MENTIRAS.

Pero pido a mis lectores que no se llamen a engaño: aquellos que por política defienden una verdad a medias, es como poco, ocultar la realidad que no es conveniente mostrar al ciudadano. Están cortejando a la mentira. ¿Miedo a perder votos? Peor aún: pánico por saber en su interior la impotencia y la incapacidad para resolver cualquier problema.

El buen líder, justamente triunfa porque la gente confía en él al saber que se entrega en cuerpo y alma a la verdad, y la difusión de la verdad. Esta es la gran diferencia. Pero además tiene la competencia profesional para hacerlo, que no es poco.

Un líder mediocre, no es necesariamente un mentiroso compulsivo. Lo que venimos a decir, es que puede actuar con nobleza y honestidad, pero sus intereses políticos personales y de partido, le obligan a acomodar esa verdad. Buscar una estratagema de cómo difundirla.


¿No le suena a Usted conocido estos acomodamientos hacia qué es la “supuesta verdad”?

En la comunicación que desde un gobierno se hace al ciudadano –tanto en las formas como en el fondo- subyace la auténtica medida de cuál es su liderazgo.

Un buen líder, los grandes líderes de todos los tiempos, afrontan la verdad para resolver el problema acuciante y así restablecer ese estado de equilibrio previo al hecho al que se enfrentan; al mismo tiempo difunden toda la verdad por más dolorosa que sea, para que los ciudadanos sepan en qué escenario se están moviendo.

Es imperativo recuperar el liderazgo político más próximo a nosotros, reconducir la política hacia cotas más elevadas de esa medida de liderazgo que determina el carácter de los grandes hombres y mujeres, fundados en la verdad.

La sociedad es adulta hace tiempo ya. Hay que tratarla como tal.